“A mis seis años me mudé a Canóvanas con mis papás, y recuerdo que cuando pasábamos frente al letrero del Hipódromo Camarero, siempre les decía que algún día quería correr bien rápido en un caballo”.

Tal como si lo hubiese pronosticado, a Andrea Rodríguez se le hizo realidad su sueño cuando ingresó a la Escuela Vocacional Hípica, Agustín Mercado Reverón. Desde allí ha incursionado en la nueva aventura de convertirse en una de las pocas jockettes que representan a la mujer puertorriqueña en el mundo hípico.

RAÍCES HÍPICAS

La palabra hipismo llegó a la vida de Andrea a través de la cultura familiar tan relacionada a dicho deporte. Su bisabuelo, Justino Mano Santa Rodríguez fue un entrenador reconocido que le dejó el legado a su familia de un deporte que amar. Por ello, el hijo de Rodríguez, Carlos Manuel Rodríguez, abuelo de Andrea, también decidió darse su oportunidad de una carrera en el Hipódromo. Todo una historia familiar que no tiene ni principio, ni fin, pero que se complementa con la participación de la tía abuela, Aidé Rodríguez, la primera entrenadora mujer que vio Puerto Rico.

Andrea sabe que su familia paterna y su afinidad con el hipismo han tenido una gran influencia en su decisión de dedicarse al deporte como jockette. Sin embargo, es su propio carácter y su deseo de alcanzar sus sueños lo que la ha impulsado a tomar decisiones determinantes. Por ejemplo, luego de graduarse de cuarto año, entró a la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, pero luego de los primeros semestres se dio cuenta que no era un bachillerato lo que quería lograr con su vida.

“Después me llamó la atención la pasión que siento por el hipismo, entonces decidí comenzar en la Escuela Vocacional, y definitivamente me encanta. Soy una persona bien amante a los caballos y esto me ha dado el espacio de cumplir mis sueños”, asegura Andrea.

Desde entonces, gracias a la valentía de su decisión, ha estado trabajando para graduarse y convertirse en jockette.

 

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ANDREA Y EVIN ROMÁN

El hipismo ha traído a la vida de Andrea una variedad de experiencias que la han convertido en una joven con visión de lo que quiere para su futuro. Lo que probablemente nunca imaginó es que también le conocería el amor.

Andrea y Evin Román se conocieron en el Hipódromo Camarero. Mientras él era estudiante de la Escuela Vocacional Hípica, Andrea ofrecía servicios comunitarios en la clínica veterinaria del Dr. García.

“Me pasaba yendo a las carreras y, así, la vida se encargó de presentarnos”, asegura la joven. Desde entonces, la estudiante ha contado con el apoyo incondicional de su novio.

“Evin me ha dado mucho apoyo desde el inicio, incluso desde cuándo simplemente nos estábamos conociendo…  Se mantiene muy al pendiente de mi progreso en la Escuela, cuando viene de visita a Puerto Rico va a verme en mis trabajos matinales para poder ayudarme a corregir mis errores en conjunto a los consejos de mis instructores, y siempre que necesito un consejo ahí está para darmelo”, manifiesta.

Actualmente, el jinete se encuentra trabajando en Santa Anita Park, California, donde se ha destacado como aprendiz, logrando  convertirse en ganador del premio Eclipse 2017. Andrea describe su desempeño como uno de excelencia, con buen ritmo, que lo puede llevar a convertirse en uno de los mejores jinetes de los Estados Unidos.

Independientemente sus progresos a la distancia, confiados en el trabajo de ambos, llevan una relación cargada de tradición y competencia, pues al final del día, la misma pista que los unió, los hace rivales.

“Hemos llevado esta relación de pareja y rivales de una manera muy bonita, y ambos estamos desesperados porque ya se nos dé la oportunidad de montar juntos en una carrera oficial”, concluye.

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